Tire Dié: El Cine Imperfecto de Argentina

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Sinopsis

Tire Dié (1958) es un cortometraje documental que sigue la vida cotidiana de los niños pobres que viven en una villa miseria en Santa Fe. Sin escuela ni recursos gubernamentales adecuados, el principal objetivo de sus vidas es esperar a que pase el tren local para poder pedir a los pasajeros que “Tire Dié” (tírame diez centavos).

En mi último artículo sobre El Mégano, conté la historia de dos grandes cineastas cubanos que fueron a Italia a aprender el arte del cine y volvieron a su país para transmitir un importante mensaje político. En Argentina, Fernando Birri hizo el mismo viaje. De 1950 a 1953, estudió en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma y regresó a Santa Fe, su ciudad natal, para realizar un documental inspirado en el neorrealismo y que sería conocido como la primera película de encuesta del continente. Respondiendo a los tiempos turbulentos que les tocó vivir a los ciudadanos de Argentina, los últimos años de la década de 1950 fueron un período de transición en la política argentina que puso bajo la lupa a los habitantes de las villas miserias del país.

Juan Perón

A partir de 1955, el país sufrió un traspaso de poder caótico cuando su líder durante mucho tiempo, Juan Perón, fue depuesto en un golpe de estado. Perón fue elegido democráticamente en 1945 y 1952 con un profundo apoyo de la población de la clase trabajadora. Su administración mejoró los derechos de los trabajadores y les proporcionó más beneficios sociales. Restringió las inversiones internacionales, la influencia extranjera y el comercio libre, y creyó en la centralización del gobierno y en la ampliación del empleo público. Uno de los pilares principales de su administración fue la vivienda que él consideraba como un derecho. Sin embargo, sus esfuerzos no pudieron competir con la urbanización masiva y la migración, que crearon muchos barrios marginales.

Y en sus diez años de gobierno, Perón se ganó muchos enemigos de la izquierda y de la derecha. Los terratenientes temían sus apelaciones a la movilización de los trabajadores y muchos izquierdistas consideraban que seguía manteniendo el statu quo y que se estaba convirtiendo en un demagogo peligroso.

Para esta coalición políticamente diversa que no tenía nada en común, salvo su odio a Perón, la vivienda también se convertiría en su objetivo. La dictadura que siguió, autodenominada Revolución Libertadora (RL), estableció el Plan de Emergencia (PE) para tratar el problema de las villas miserias y también para demostrar que eran lo contrario de Perón. Esta postura generalizada contra Perón pero a favor de nada dejaba mucho espacio para los errores y las contradicciones. Se inspiraron en las ideas estadounidenses sobre planificación urbana que se introdujeron en la Conferencia Interamericana de 1954 en Caracas. El gobierno estadounidense utilizó esta reunión para promocionarse como líder en las cuestiones sociales del continente y desplazar la influencia europea en América Latina. A partir de ahí, el PE decidió que la erradicación de las villas miserias por medio del desalojo total de los residentes y su realojamiento sería la mejor opción. Aunque a medida que avanzaban las conversaciones, se consideró que la responsabilidad de realojar a los residentes recaía en ellos mismos y en las empresas privadas, no en el gobierno. 

Villa Miseria del Bajo Belgrano, Buenos Aires, 1955

Argentina estaba intentando modernizarse y estas villas miserias, que consideraban reliquias de un pasado rural empobrecido, eran inaceptables, al igual que sus residentes. Según el gobierno, estos residentes estaban desempleados debido a su “nivel cultural bajo”. En lugar de describir a los residentes como familias, el PE utilizó el término “intrusos”. Aunque el PE propuso vender nuevas viviendas a los residentes de las villas miserias, sólo se construyeron seis barrios para el programa. Además, el PE sólo ofrecía casas para la madre, el padre y entre tres y ocho hijos. Alojar a familiares, como se había hecho habitualmente en estos barrios, quedaría descartado. Incluso si estos residentes estuvieran dispuestos a hacer ese sacrificio, no era probable que recibieran una vivienda. El PE permitía que las personas que buscaban oportunidades de inversión o una segunda vivienda pudieran adquirirla. Lo único que consiguió este programa fue dar mala fama a los peronistas y a los residentes de las barriadas del país.

El director Fernando Birri respondió con un documental que vendría a definir un tipo de cine que el codirector de El Mégano llamaría “Cine Imperfecto”. Tire Dié a veces parece muy casero y su uso de la voz en off mientras se entrevista a personas reales se debe a que el audio original no era lo suficientemente bueno para el uso profesional.  Aunque pueda parecer como un error o un hecho que se quisiera ocultar, éste era el elemento definitorio del cine imperfecto. La filosofía era que atenerse a los estándares de Hollywood era un acto imperialista. Para hacer una película latinoamericana con un mensaje político real, especialmente sobre las desigualdades en la nación, era necesario que pareciera imperfecta. Una imagen elegante de la miseria que asolaba el continente no serviría para nada. Birri no sólo estaba influenciado por el neorrealismo, sino también por Brecht. No quería crear un alegato melodramático y tampoco quería que ninguna ficción corrompiera su película de encuesta. Quería que el público pensara, no que sintiera.

Tire Dié

Birri no necesita hablar, lo hacen sus estrellas. El comienzo de la película parodia las encuestas del gobierno enumerando estadísticas sin sentido sobre Santa Fe mientras la cámara sobrevuela la ciudad. Enseguida nos damos cuenta de que este tipo de informes o los del PE no tienen sentido. Sólo nos enteramos de las villas miserias allí mismo. Una vez que vemos a la gente, los argumentos de la PE dejan de tener sentido. El nuevo gobierno se quejaba de que el Estado era demasiado amplio, pero ahora el Estado no parece lo suficientemente grande como para garantizar que todos los niños de todos los barrios reciban una educación. Algunas escuelas dicen que no hay suficientes plazas, no admiten a los niños a los que les faltan los dientes, y algunas simplemente echan a los alumnos por faltar a la clase. Además, el gobierno ni siquiera puede suministrar agua al barrio de Tire Dié.

Sin embargo, según el gobierno, no hay que preocuparse. El sector privado está ahí para limpiar cualquier desastre. Por desgracia, ninguno de estos residentes puede pagar las opciones privadas. Una madre, en particular, se lamenta de que la guardería cuesta 20 pesos al día y ella sólo gana 10. De entrada, Birri establece la inutilidad de estas dos opciones y posteriormente mira hacia adentro. Tal vez el gobierno se equivocó con el gran Estado y el sector privado, pero tenía razón con el carácter vago, inmoral e inepto de los habitantes de las chabolas. El retrato de sus vidas interiores demuestra, sin duda, que hacen todo lo posible para llegar a fin de mes y mantener su dignidad.

Como dicen estos residentes, Tire Dié es “la tierra del sacrificio”. Todo el mundo tiene más trabajos de los que puede soportar para mantener a su familia a flote. Algunos trabajan a pesar de tener problemas de salud debilitantes; otros acogen a niños huérfanos porque nadie más lo hace. Mediante un impresionante montaje ideológico, Birri muestra el efecto que esto tiene en los niños. Se les muestra rebuscando en la basura y se les compara visualmente con los cerdos que comen bazofia, lo que inevitablemente provoca la comparación con las sobras (las monedas) que los niños recogen del suelo. El mensaje principal es que estos niños y la comunidad a la que pertenecen son la parte más olvidada, los indocumentados de la sociedad Argentina.

Tire Dié

A lo largo de esta película, lo único en lo que se concentran estos niños olvidados es en el momento en que llega el tren, cuando pueden gritar por la ventanilla “Tire Dié” y, con suerte, conseguir unos cuantos pesos, pero incluso esto se convierte en un clímax insatisfactorio. Después de oírles hablar de esto durante toda la película, por fin vemos a una sinfonía de niños gritar por dinero y a un montón de caras aburridas y curiosas mirar. La mayoría no da ni un centavo. ¿Esto es lo que siempre sueñan? El hecho de que haya tantos primeros planos de los niños mientras observan el tren, deja claro que nosotros, los espectadores, somos los mismos que subimos al tren y no damos. Birri no sólo implica al gobierno en este fracaso social, sino también a nosotros.

El último clavo en el ataúd llega con el último primer plano de Birri de una niña que todavía es demasiado joven para unirse a los demás y pedir monedas. Miramos profundamente su rostro sonriente mientras suena una canción de tango y nos damos cuenta de que su futuro no sólo está predestinado, sino que es extremadamente argentino. Ella es el rostro del futuro del país. Y si el gobierno o el pueblo no toman medidas contra la injusticia rápidamente, otra niña simplemente ocupará su lugar.

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