Puerta Cerrada: La Buena Mentira de Argentina

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Sinopsis

Puerta Cerrada (1939) cuenta la historia de Nina, una mujer que ha salido de la cárcel tras cumplir 20 años de prisión por un asesinato que ella insiste no haber cometido. En un flashback, vemos todos los acontecimientos que condujeron a este crimen. De un matrimonio entre clases, el sacrificio de su carrera, un hermano abusivo, un hijo y una mentira destructiva, la película muestra la caída de Nina y su acto final de redención.

En la década de 1930 en Argentina, el gobierno ocultó su corrupción bajo el disfraz de un corporativismo falso. Ayudaron a la oligarquía terrateniente y simulaban hacer lo mismo por los trabajadores. Grandes películas argentinas como Prisioneros de la Tierra muestran cómo este fracaso ha afectado a la clase obrera y ponen un espejo a los hombres poderosos que crearon este desastre. Sin embargo, películas como éstas no tuvieron mucho éxito financiero en Argentina y no fueron representativas de las tendencias del sistema de estudios argentino.  El cine de estudio argentino reflejó este cambio hacia el corporativismo a través de una variedad de géneros que compartían la representación de las resoluciones corporativistas a los conflictos narrativos como nuevas ficciones fundacionales para una nación unida y gobernada por la justicia y el amor. El género más popular para mostrar esta moral corporativista fue el melodrama y uno de los más populares de la serie de melodramas que se estrenaron en este período fue Puerta Cerrada, una película exagerada cuya síntesis de las fórmulas melodramáticas existentes estableció el estándar de la industria para las “producciones de calidad” en los años siguientes.

Puerta Cerrada

La película emplea una estricta lógica corporativista. Aunque la protagonista de la historia, Nina, es de clase obrera, ésta no es una historia de cómo los ricos se aprovechan de los pobres y los tiran a la basura cuando acaban con ellos. En esta historia, todos tienen la capacidad de ser buenos o malos y la clase social parece tener poco que ver. Todos son víctimas de sus circunstancias. Esta igualdad en el sufrimiento se establece en una de las primeras escenas, cuando Nina sale de la cárcel y se aventura por primera vez en el mundo real. Se detiene ante la mansión que antes pertenecía a su marido. Mientras mira hacia dentro, los barrotes de las puertas le cubren la cara.  Queda claro que, incluso en una mansión, se puede estar tan preso como en una cárcel.

Esta idea se acentúa aún más cuando la película hace un flashback a los inicios de la relación amorosa de Nina con su futuro marido, Raúl, cuyas ricas tías desaprueban la unión. Por ello, Raúl se ve obligado a sacrificar su dinero para casarse con ella. Al mismo tiempo, Nina, que trabaja como cantante, se ve obligada a dejar de trabajar para ser la esposa tradicional que Raúl desea. Ambos se sacrifican por su matrimonio y ninguno sufre más. La lucha de la película no es de una sola clase, sino que es para que todas las clases dejen de lado sus antagonismos y vivan una vida pacífica sin odios ni celos. Esto se manifiesta en tres peleas diferentes a lo largo de la película. Cuando Raúl le pide a Nina que se case con él, el hermano de Nina, Arturo, se enoja porque ella ya no podrá trabajar para él. Se pelean a puñetazos mientras Nina se limita a observar aterrorizada. Raúl gana y ellos se casan, pero el resentimiento de Arturo hacia los ricos aumenta.

Una vez que Nina y Raúl se han casado y tienen un hijo, Arturo engaña a Nina para que vuelva al teatro y le hace creer que Raúl ha terminado con ella. Cuando Raúl aparece, los dos vuelven a pelearse, pero esta vez es más intenso. Se lanzan puñetazos y luego sillas y entonces Arturo saca una pistola. Ahora Nina intenta involucrarse, pero en sus intentos torpes para deshacerse del arma, dispara accidentalmente a Raúl. Esta pelea entre clases ha amargado a todos y a su vez, pone a Nina en la cárcel y pone a su bebé en manos de la tía que la odiaba. 

Puerta Cerrada

Todo parece perdido hasta que se produce la tercera pelea, con Nina de nuevo en el centro. Tras regresar de la cárcel, intenta ver a su hijo, pero la tía de Raúl, Rosario declara que sería doloroso que se enterara de la verdad violenta de su madre y que sería mejor que nunca lo conociera. Cuando Nina se entera de que su hermano Arturo ha intentado extorsionar a la tía Rosario, vuelve para devolver el dinero. Una vez allí, unos matones intentan asaltarla y su hijo, al ver a una pobre anciana, intenta defenderla. Los matones le disparan pero esta vez Nina recibe la bala por él. Ella muere sin revelarse y, por fin, alguien en esta historia es capaz de vivir sin resentimiento de clase.

Al repetir la misma secuencia una y otra vez, el director utiliza el medio cinematográfico visual en su beneficio. También aprovecha las canciones para mostrar el crecimiento de Nina como mujer. Comienza siendo una joven ingenua, que desconoce los caminos del mundo, por lo que canta una canción sobre cómo no le gustan las nuevas modas escandalosas y prefiere ser tradicional. Más tarde, se convierte en la mujer caída después de creer que había sido abandonada por Raúl, por lo que canta un tango tórrido y baila muy cerca con los hombres en un espectáculo. Al final, ha aprendido de ambas experiencias y se convierte en la madre sufrida, por lo que canta un tango anhelante sobre su deseo de volver a los viejos tiempos y amar a su hijo. Este modelo corporativista juega con los ideales del Estado. Sólo cuando Nina ve los caminos de ambos mundos y se compromete, se ilumina de verdad.

Debido a esta influencia, la película puede parecer como los melodramas americanos estándar, pero tiene una diferencia clave: la necesidad de una mentira. Aunque hay mentiras malas representadas en la película como cuando Arturo hace creer a Nina que Raúl se ha ido, Nina debe seguir mintiendo a su hijo hasta su último respiro. Nunca le revela que es su madre porque, como dice la tía Rosario, si un hijo no quiere a su madre, “no puede ser hombre”. Complicar su imagen podría resultar desastroso para su desarrollo. Muchas películas de los Estados Unidos se centraban en mujeres caídas de buen corazón que se veían obligadas a entregar a sus hijos, como The Sin of Madelon Claudet y To Each His Own, pero en ambas películas, a las mujeres se les permite finalmente pasar tiempo con sus hijos y reconocer la verdad. ¿Por qué no se da a Nina el mismo lujo? La respuesta es que tiene que servir a un objetivo corporativista más amplio. Tiene que asegurarse de que la próxima generación se libere de las ideas sobre la lucha de clases para que el status quo pueda continuar. El doble sacrificio de Nina (el de su trabajo y el de su maternidad) permite que el status quo patriarcal continúe, todo a su costo.

Puerta Cerrada

La verdad es que, por mucho que la película intente decir que la clase social no tiene por qué ser un tema importante en cuestiones de amor y aprendizaje, Nina demuestra que eso no es cierto. Su voluntad y su talento no son suficientes para defenderse de su destino como mujer de clase obrera. En cierto modo, eso hace que esta película sea la representación perfecta de su época. Pretende falsamente contar una historia sobre cómo todo el mundo sufre por igual en aras de un bien mayor, pero en realidad, los pobres siguen teniendo dificultades mucho mayores. El mundo sólo está en paz mientras Nina actúa como la madre silenciosa y sufrida para que su hijo pueda vivir una vida idílica sin ser consciente del dolor que fue necesario y de la felicidad que se sacrificó para que eso ocurriera. La moraleja de la película y de la “década infame” parece ser que lo que no sabes no te puede hacer daño.

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