Encontrando Utopía

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Sinopsis

Utopía o el cuerpo repartido y el mundo al revés (1976) es una película acerca de dos vendedores que atraviesan el campo hondureño y en el camino encuentran trozos de su amigo. Se preguntan si estos descubrimientos pueden acercarles a la utopía, pero en el camino, sus encuentros con lo surrealista demuestran que eso no es posible.

López Arellano y el Estado en Declive

La Alianza para el Progreso

López Arellano, como presidente, podría ser descrito como un antirreformista. Organizó elecciones al Congreso para legitimar su presidencia en 1965, utilizando la coacción y los medios ilegales para obtener el control. Los Estados Unidos empezaron a desempeñar un papel más importante en Honduras después de que los eventos en Guatemala y Cuba dejaran a la nación temerosa del comunismo. La Alianza para el Progreso fomentó esta relación. En el transcurso del programa de 10 años, Centroamérica recibió 644 millones de dólares, incluida la ayuda para el Mercado Común Centroamericano (MCCA). Los proyectos de vivienda mejoraron la calidad de vida en Honduras y las infraestructuras mejoraron, pero la Alianza para el Progreso no cumplió sus elevados objetivos y Johnson y Nixon pronto perdieron el interés por la región. La reforma agrícola se estancó y el énfasis de los Estados Unidos en la democracia desapareció. Ahora aprobaban los gobiernos militares mientras no fueran comunistas. Este comportamiento y la falta de atención a los abusos de derechos humanos de López Arellano, hizo que muchos hondureños desconfiaran de los EEUU. La economía empezó a decaer y el país quedó paralizado por la Guerra del Fútbol o la Guerra de las Cien Horas en 1969. La causa inmediata de la guerra fue los disturbios que se produjeron en el estadio de fútbol de Tegucigalpa, donde Honduras y El Salvador jugaban un partido de clasificación para el Mundial. Sin embargo, las tensiones se habían intensificado desde los años 20, cuando los inmigrantes salvadoreños empezaron a establecerse en Honduras. 

La Guerra del Fútbol

La situación empeoró en la década de 1960 debido a la Ley de Reforma Agraria de Honduras que establecía que sólo los hondureños nacidos en el país podían recibir tierras de acuerdo con la ley. Se produjeron desalojos de salvadoreños y esta ira se manifestó en el partido, pero el ejército hondureño no fue rival para El Salvador. La lucha interna que había quedado suspendida por la guerra volvió en 1970, cuando varios grupos de interés hondureños empezaron a presionar a López Arellano para que organizara elecciones libres y abiertas y reorganizara el ejército. Finalmente, se llegó a un acuerdo, se fijaron las elecciones para 1971 y Ramón Ernesto Cruz, un ex profesor universitario, ganó la presidencia. Sin embargo, Cruz perdió el poco apoyo público que tenía cuando su reforma agraria se paralizó. Los militares actuaron y en un golpe de estado incruento en diciembre de 1972, López Arellano volvió al poder. El huracán Fifi, la catástrofe natural más devastadora de la historia de Honduras, llegó en septiembre de 1974. En ese momento, la prensa informó que López Arellano aceptó un soborno de 1,25 millones de dólares en efectivo con la promesa de otro pago futuro de 1,25 millones de dólares, para evitar un aumento del impuesto hondureño a la exportación de bananas. Los militares lo sustituyeron en 1975 por el coronel Juan Alberto Melgar Castro quien hizo poco por la reforma agraria y fue acusado de ser pagado por los narcotraficantes que utilizaban Honduras como refugio para su producto en ruta desde Sudamérica.

Las Decepciones de Utopía

Utopía

Una de las primeras paradas que hacen los vendedores es en una comuna. Parece ser un espacio utópico en el que todos tienen cubiertas sus necesidades, pero a la gente de clase alta le parece inmoral todo el acuerdo. El repugnante alcalde encuentra defectos en todo lo que esta gente ha creado de forma independiente porque no le deja espacio para explotar. El vendedor de la historia también está de acuerdo. Cuando llega por primera vez a la comuna, supone que esta casa llena de hombres y mujeres es un burdel; cuando se le dice lo contrario y que hombres y mujeres comparten las tareas por igual, estalla en un ataque de risa. ¿Cómo es posible? El director, Raúl Ruiz, afirma que la utopía no es para los conservadores y las clases altas. La utopía nunca se puede construir para todos. Aunque, más adelante, también afirma que muchos de los proveedores de utopía mienten. Uno de estos proveedores aparece casi al final de la película. En un giro surrealista, conocemos a un hombre que colecciona partes del cuerpo y las vuelve a unir. Es la utopía que buscan los dos vendedores, pero es un profeta falso. Vuelve a conectar las partes, pero sin ningún efecto. Sostiene que no puede devolverles la vida. Lo que estos vendedores esperaban encontrar al conseguir todas las piezas de sus amigos no está disponible para ellos. Para una película llamada Utopía, hay poca perfección en esta película. Intentar reconstruir el pasado o mirar hacia las clases altas es denunciado muy claramente por Ruiz.

La Utopía Latinoamericana

Utopía

Ruiz juega mucho con los paisajes agradables de Centroamérica. Aunque parezca idílico, no es. Ruiz plantea la pregunta: ¿Puede existir una utopía, pero más concretamente, puede existir en América Latina? Ruiz parece pensar que no. En un momento de la película, uno de los vendedores va con los nativos de la zona para curar a un amigo. Quieren utilizar los métodos indígenas y cuando sugiere que un hospital sería mucho mejor para las heridas mortales de este hombre,no logran  aceptarlo. El vendedor mira al cielo y le pregunta al señor por qué América Latina está condenada a ser un continente subdesarrollado. El señor tiene la maldición de saber que este hombre va a morir, pero tampoco entiende la desconfianza de los indígenas hacia los métodos occidentales. América Latina parece ser como la Torre de Babel. Mucha gente habla pero nadie parece entender. Una figura política de la película, en una escena posterior, intenta hablar con la gente y describe la necesidad de eliminar el alcoholismo y la superstición. Sus advertencias son constantemente interrumpidas por la gente que grita que no puede oírle. Parece que sí podría existir una utopía, la población latinoamericana sería físicamente incapaz de aceptarla.

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